15 de febrero de 2009

Jóvenes eternos:los nuevos Peter Pan

Jóvenes eternos:.
Los nuevos Peter Pan por Joaquín Rocha Psicólogo especialista en Educación para la Comunicación
joacorocha05@ yahoo.com. ar


No es una amenaza para la vida, de modo que no es una enfermedad. Pero pone en peligro la salud mental de una persona, de modo que es más que una incomodidad. Sus síntomas son bien conocidos, de modo que no puedo decir que es un descubrimiento… Es un fenómeno psicológico nuevo. No encaja en ninguna categoría reconocible, pero no puede negarse su presencia…
Dan Kiley no debe haber imaginado, en 1983, al publicar su libro The Peter Pan Syndrome: Men Who Have Never Grown Up (El síndrome de Peter Pan, el hombre que nunca crece), que las características del individuo, que allí describe, se iban a mantener en el tiempo y a detallar, en cierta manera, a la mayoría de jóvenes maduros de hoy.
Un Peter Pan se define por su incapacidad de asumir responsabilidades, sobre todo las emocionales, por miedo a perder su libertad. Libertad que pierden, ya que quedan estancados, de algún modo, en la dependencia.
El furor de los medios masivos de comunicación, los grandes desarrollos tecnológicos en el campo de la informática, la crisis de la modernidad, la sociedad como espectáculo inciden, cada vez más, en el modo de pensar y de comportarse de las personas haciendo evidente una transposición de valores. El acrecentamiento del culto a la juventud a través de la moda, los gimnasios, las cirugías plásticas se ha convertido en uno de los tantos caminos para tornan a la juventud en un don eterno.
El cuadro social de los Peter Pan también es delineado por subculturas, producto del surgimiento de nuevas adicciones: drogas, playstation, Internet.
Así mismo, debemos considerar, como causa importante, la falta de seguridad y de trabajo. La familia, hoy, son hiperprotectoras y permisivas con sus hijos, no fijan límites, provocando que los jóvenes se desarrollen sin un sentido o motivación para sus vidas y con una ausencia casi total de responsabilidad.
Si bien el “síndrome de Peter Pan” ha adquirido un mayor desarrollo en la actualidad, no significa que no haya existido en generaciones pasadas. Esto nos indica que no es primacía de una edad o sexo: personas, de 25 a 60 años o más, son incapaces de cuidar y de proteger a alguien, así como de intercambiar papeles igualitarios en el contexto de una pareja. Nunca han podido abandonar el rol de hijos, por lo cual, jamás llegaron a ser buenos padres.
En este desfasaje psicopatológico entre su edad cronológica y su madurez afectiva, muestran una total insatisfacció n frente al mundo que los rodea, baja tolerancia a la frustración, amén de no poder asumir su rol de adultos. Tienen un deseo enorme de que los demás cubran sus necesidades, que les den lo que piden, de lo contrario, se irritan. Son inseguros/as, aunque no lo demuestren. Sus actitudes se centran más en recibir, pedir y criticar que en dar, querer o hacer.
Viven escondiéndose detrás de fachadas y excusas; disimulan su incapacidad de madurar con pasatiempos, negocios fantásticos y grandes proyectos imposibles o difíciles de concretar.
Pueden originarse crisis de ansiedad, de angustia y de depresión, aunque suelen estar cubiertos de una suerte de coraza. Por otro lado, siempre dependen del “nido infantil” que los afecta, ciertamente, en su autoestima y autovaloración. La doctora Graciela Peyru, médica y psiquiatra, explica, en un reportaje efectuado en el diario La Nación, que el síndrome se puede presentar tanto por abandono como por exceso de protección, porque la sobreprotección es también una carencia: una falta de contacto con las necesidades verdaderas de los hijos, ya que el adulto se centra más en su necesidad de proteger.
El psicólogo Giorgio Nardone, fundador del Centro de Terapia Estratégica de Arezzo (Italia), manifiesta que la hiperprotecció n que se ejerce sobre los hijos los lleva a creer que, como han crecido en una familia que les ha dado todo, “tienen derecho a pedir lo que quieran…”. Asimismo, asegura que la educación permisiva y sobreprotectora es la responsable de la carencia de valores.
Según estudios realizados, el síndrome de Peter Pan no es exclusivo de los países sumergidos en crisis económicas y sociales, sino que también se hace presente en sociedades del Primer Mundo.
Es fácil reconocer si se tiene cerca a un Peter Pan. Siempre culpan y hacen responsables a los demás de sus propias deficiencias. Ésta es la razón que no les permite darse cuenta de que padecen un problema. Necesitan sentir, en carne propia, las consecuencias de sus actos para poder lograr un cambio en sus conductas. Es aconsejable, en estos casos, la búsqueda de un apoyo terapéutico.

Desde el lugar de familiar o amigo, la mejor ayuda es no asumir sus responsabilidades y sí incentivar a que madure su potencial adulto, basándose en sus cualidades positivas.




Gracias Vani
por el mail.

13 de febrero de 2009

Un mate y un amor... de Lalo Mir en el programa 'Lalo Bla Bla' (Radio Mitre)


El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida.
En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse.
El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.
Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es 'hola' y la segunda: '¿unos mates?'.
Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres.
Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros.
Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian.
Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.
Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar.
En verano y en invierno.
Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo.
Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.
Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates.
La gente pregunta, cuando no hay confianza: '¿Dulce o amargo?'. El otro responde: 'Como tomes vos'.
Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba.
La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre.
Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas.
Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie.
Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular. Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres. Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos.
No es casualidad. No es porque sí.
El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma.
El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores...
Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena.
Es querible la compañia. Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!'.
Es el compañerismo hecho momento. Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, estúpidamente, '¿está caliente, no?'.
Es la modestia de quien ceba el mejor mate. Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación. Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir 'gracias', al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.

¿NOS TOMAMOS UNOS MATES?...

7 de febrero de 2009

Fucking San Valentin


El 14 de febrero es el Día de San Valentín, el día de los enamorados, quizás una de las celebraciones más populares del calendario, hermosa fecha en la cual millones de personas alrededor del mundo intercambiamos tarjetas, mensajes y obsequios para demostrar el amor, el cariño y la amistad que sentimos por nuestros seres más queridos. San Valentín fue incorporado al santoral en 1969, fue la Iglesia quien decidió erigirlo en patrón de los enamorados y decretó el 14 de febrero como día indicado para esta festividad. Se dice que lo hizo para acabar con una famosa festividad pagana de fertilidad, en honor del dios Lupercus, que provenía de la antigua tradición romana. Pero sin duda alguna ha sido la gente quien adoptó a San Valentín como el patrón del amor por excelencia. El Día de San Valentín se conmemora en casi todas partes, tal como se practica hoy, esta costumbre se inició en los países de habla inglesa en el siglo XVIII y hace algunos años gracias a la magia de Internet llegó no solo a nuestros países latinos, sino también a todo a el mundo. A través de los siglos se han conjugado toda una serie de leyendas y tradiciones intentando explicar el origen de este día tan especial, aquí les acerco una de ellas.

El Día de San Valentín: La Leyenda

Situémonos: año 270 d.C. Roma está en plena decadencia y toda ayuda es poca para evitar que el Imperio se desmorone. Al emperador Claudio III, que sabe lo que se juega en el campo de batalla, le da por pensar que los hombres casados rinden menos porque están emocionalmente ligados a sus familias, y que los solteros son mejor soldados. Así que prohíbe el matrimonio.Por supuesto, la noticia no es bien acogida. Valentín, un obispo cristiano, decide quejarse a su manera y en secreto comienza a unir en sagrado matrimonio a las parejas de jóvenes enamorados que a el acudian.Cuando el emperador lo descubre hace detener a Valentín e intenta convencerle para que renuncie al cristianismo como no lo consigue lo condena a morir.Durante las últimas semanas de su vida, algo impresionante sucedió:El carcelero, habiendo visto que Valentín era un hombre de letras, pidió permiso para traer a su hija, Julia, para recibir lecciones de él. Julia, quien había sido ciega desde su nacimiento, era una joven preciosa y de mente ágil. Valentín le leyó cuentos de la historia romana, le enseñó aritmética y le habló de Dios. Ella vió el mundo a través de los ojos de Valentín, confió en su sabiduría y encontró apoyo en su tranquila fortaleza. -"¿Valentín, es verdad que Dios escucha nuestras oraciones?" Julia le preguntó un día.-"Si, mi niña. El escucha todas y cada una de nuestra oraciones," le respondió Valentín.- "¿Sabes lo que le pido a Dios cada noche y cada mañana? Yo rezo porque pueda ver. Tengo grandes deseos de ver todo lo que me has contado!"Valentín le contestó,-"Dios siempre hace lo mejor para nosotros, si creemos en El."-"Oh, Valentín, yo si creo en Dios", dijo Julia con mucha intensidad.-"¡Yo creo!"Ella se arrodilló y apretó la mano de Valentín. Se sentaron juntos, cada uno en oración. De pronto, una luz brillante iluminó la celda de la prisión. Radiante, Julia exclamó,- "¡Valentín, puedo ver, puedo ver!"- "Gloria a Dios!" exclamó Valentín.En la víspera de su muerte, Valentín le escribió una última carta a Julia pidiéndole que se mantuviera cerca de Dios y la firmó:"De Tu Valentín", iniciando así la tradición de enviar mensajes de amor.Fué ejecutado el día siguiente, el 14 de febrero del año 270, cerca de una puerta que más tarde fuera nombrada Puerta de Valentín para honrar su memoria. Fué enterrado en la que es hoy la Iglesia de Praxedes en Roma. Se cuenta que Julia plantó un Almendro de flores rosadas junto a su tumba. Hoy, el árbol de almendras es un símbolo de amor y amistad duraderos.
A todos los enamorados... Felíz San Valentín!